Más allá del velo

| Más allá del velo hay una mujer de 31 años, con dos títulos universitarios, tres hijas y casada. Tiene muchísimos sueños para su futuro, ninguno alejado de la religión que ama: el islam.

Salma nació cuando su papá tenía 43 años, tiempo en que su padre druso decidió inclinarse por una religión, bien sea cristianismo o el islam. Él eligió la última. Su mamá era mormona y nunca tuvo problema en que su hija fuera educada religiosamente bajo las enseñanzas del islam. Su hogar, en Barquisimeto, era un lugar neutral.

A pesar de esa neutralidad, Salma tenía su madraza particular: Mustafá Sabrá, el mejor amigo de su papá, y a quien ella aprecia como un tío. Fue él el responsable de presentarla y guiarla por los caminos del islam. Desde pequeña, le fue inculcado el amor que siente por Alá.

Siempre llamó la atención en las aulas del colegio San Ignacio de Loyola en Barquisimeto, aprendió a vivir en un país occidental que nada tenía que ver con su ascendencia siria y las costumbres con las que estaba siendo criada. A los 14 años sin presión de nadie decidió empezar a usar el velo (hijab). Sus padres la apoyaron y sus compañeros le decían “la monjita”, cuestión que no le afectaba porque tenía suficientes amigos en casa que la respetaban y querían por lo que era, que se amoldaban a su estilo de vida para compartir una tarde con ella.

SAM_0638 - Copy
Salma es una mujer extrovertida y muy participativa en la comunidad

Transmutación islámica

“Cuando Dios desea hacer el bien a alguien le hace comprender bien la religión”, este hadiz del Profeta Muhammad recopilado por Sahil Al Bujari fue clave cuando Salma cumplió los 18 años porque sintió que era el tiempo indicado para viajar. Aunque para ese momento, su primer matrimonio tenía un año.

Al Bujari también recompiló otro hadiz que indica: “Abû Huraira dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Ninguna mujer que cree en Dios y en el Último Día podrá viajar más de un día y una noche sin un acompañante (mahram)». A pesar de ser mayor de edad no podía salir del país sola sin el permiso de su papá y su esposo, pero ambos se lo concedieron.

 

Marruecos, específicamente las ciudades de Fez y Casablanca, fueron sus primeros destinos. Llegó con una maleta llena de pantalones vaqueros, tacones y maquillaje a un país donde no sería juzgada por usar esas prendas de vestir pero, al mismo tiempo, se dio cuenta que eso no iba de la mano con sus enseñanzas religiosas. Descubrió que la mujer debe vestirse para ser admirada única y exclusivamente por su esposo, quería ser vista como Alá lo desea: con ojos de bondad, amor y respeto.

También fue el escenario de las primeras veces: comió perro caliente halal (lícito) en la calle; no se sentaba en una mesa a la hora de las comidas sino en el piso; podía pedir cualquier chuchería en la bodega sin preocuparse por leer los ingredientes. Pero el gran descubrimiento lo hizo en su corazón.

SAM_0667 - Copy
Salma intenta comer siempre halal (comida legal para los musulmanes).

Sintió el verdadero significado de cada palabra cuando recitaba el testimonio de fe “no hay más Dios que Alá y Muhammad es su profeta”. Sus súplicas ahora se centraban en el aumento de su espíritu y no en cuestiones mundanas. Las mujeres marroquíes le revelaron un estilo de vida que le era ajeno, que vislumbraba como imposible, el de la piedad y la humildad.

Video: mi historia sobre el hijab

Irán

 Su segunda parada, antes de regresar a Venezuela, fue Irán. Este país le mostraría otra perspectiva del islam a través del aprendizaje de un nuevo idioma, de convivir en una cultura donde era minoría, además de que no podía llamar “paisano” a los iraníes porque no se consideran árabes sino persas. En Irán entendió que, para convivir entre musulmanes de una rama religiosa diferente a la de ella (sunita), debía prestar especial atención a los puntos de convergencia más que a las diferencias. Supo decir no cuando se le invitaba a un rito ajeno a sus prácticas y encontrar el espacio para hacer su rutina a pesar de que no coincidía con la de sus compañeros.

De regreso a Venezuela era otra mujer. Otra musulmana. Dejó atrás los jeans, tacones y el maquillaje, y regresó llena de abayas, velos y zapatos planos. Aprendió a ser femenina a través de la modestia, a que podía cumplir los hadices por más extraños que fueran en su casa de Barquisimeto. Desde ese viaje, cada vez que bebe un vaso de agua se agacha, trata de comer con la mano derecha y no con cubiertos, no usa ropa ajustada y su recato se transformó en la actitud de una mujer piadosa que no deja de ser ella misma.

Por una taza de té

Una taza del juego del té de Salma Stephanie terminó rota después de que Nadia jugara con ella y no la colocara en el lugar correcto, lo que ocasionó que su mamá la pisara y la rompiera. Nadia discute con excelentes argumentos con su mamá sobre este reclamo. Salma Stephanie primero pide permiso para hablar antes de rebatir los argumentos de su hermana. Su mamá se lo concede. Jamás levanta la voz o se atisba una señal de irritación en su lenguaje corporal.

Salma concentra sus esfuerzos en hacerle entender a Nadia por qué tiene la culpa de que la taza se rompiera. Salma Stephanie insiste en que no le prestará más sus juguetes, su hermana cruza los brazos y comienza a llorar. Entonces Salma dice: “la justicia nunca puede robar a la misericordia porque justicia sin misericordia es venganza. Estoy segura que eres una niña piadosa, ¿verdad Salma?”, a lo que ella asiente. Nadia, promete, un poco reacia a aceptar su culpa, que será más cuidadosa con los juguetes de su hermana. Se retiran juntas a seguir jugando.

SAM_0632 - Copy (2).JPG
Salma Stephanie (izquierda) y Nadia (derecha)

Los conflictos entre personas más grandes tienen otra forma de solucionarse. Salma sufre, de vez en cuando, algún reclamo sobre su relación con los musulmanes chiitas. Según el libro ¡Bienvenidos al islam! Breve guía para los nuevos musulmanes, los chiitas adulteran el Corán con rituales considerados politeístas y, aseguran, que para algunos de ellos la autenticidad del Libro Sagrado es dudosa. Salma tiene una buena relación con sus compañeros de clase iraníes, cuando estudió en la Universidad Al-Mustafá descubrió que muchas de estas acusaciones estaban infundadas, y que algunos ritos o prácticas no eran tal como ella había escuchado. Cuando alguien intenta acusarla de no ser sunita, ella responde con argumentos claros. Afirma que sí es sunita pero que pertenecer a esa rama islámica no le impide convivir con los chiitas. Al contrario, confirma que a través del entendimiento los musulmanes pueden unirse.

Pablo Sapag, periodista de guerra y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, aclara que las diferencias entre sunitas y chiitas “nada tiene que ver con los actuales conflictos en Oriente Próximo y Medio”, a su juicio “se deben a intereses políticos, económicos y energéticos de potencias regionales y globales. Lo otro es una excusa”. Muchos musulmanes prefieren cerrarse a la oportunidad de la compresión antes que convivir con alguien a quien consideran falsos practicantes.

El mayor temor es que la gente tergiverse un significado del Corán o de un hadiz, aunque ninguno de los que tienen este sentimiento se preocupa por aclarar las dudas y mitos que existen en torno al islam. Salma no tiene miedo de responder a las dudas o acusaciones más raras, así provengan de un pastor.

Una esposa particular

Salma le colocó un reto a su tío: se casaría si hallaba a un hombre venezolano, piadoso y muy buen practicante del islam. Él sabía que Omar era la opción indicada así que no escatimó en esfuerzos para preparar la boda. Ella siempre tuvo la oportunidad de negarse, nunca lo hizo.

Salma conoció a su esposo a través de dos llamadas de cuatro horas. Su tío Mustafá preparó todo para que se conocieran en Caracas porque ella trabajaba en la mezquita Al-Ibrahim. Lo dejó esperando tres horas en la estación del metro, y cuando algún compañero de trabajo le preguntaba si era su prometido ella respondía un tajante no.

IMG-20170227-WA0007.jpg
Salma tiene 13 años de casada con Omar, un musulmán converso.  Foto: José Antonio Acevedo

Una semana después Salma viajó a Puerto Ordaz pero nunca le informó a Omar que había conseguido pasaje. La boda fue en la noche porque el “novio” debía terminar su turno en el trabajo.

A las 9 de la noche, Salma estaba detrás de una cortina lista para responder las tres preguntas que su tío le hizo:

-¿Aceptas que Omar sea tu tutor?

-Sí, contestó Salma.

-¿Te sientes coaccionada u obligada para casarte con Omar?

-No.

-¿Aceptas casarte con él?

-Sí

El primer salat que hicieron como esposos fue el del ishaa’ (noche), Omar preguntó si podía tocar su mano, ella respondió “no ¿por qué?, y el dijo “porque soy tu esposo”. Entonces ella entendió que estaba casada, se colocaron los anillos y salieron a celebrar.

Ahora tienen 13 años de casados, Omar aprendió a adaptarse al humor negro de su esposa, a sus viajes constantes. Salma aprendió a ser esposa, amiga, a darse cuenta que su vida también puede girar en torno a ella misma. En las noches se reúnen para discutir su rutina, para buscar la opinión del otro en un asunto personal. “No me casé enamorada pero ahora no imagino una vida sin él”, sentencia.

No es lo mismo

Las mujeres musulmanas no pueden ser cuestionadas de la misma forma. Todo cambia de acuerdo al contexto donde se desarrollen. Aunque la mayoría prefiere consultar al hombre con más autoridad en su casa sus deseos y decisiones, una musulmana en Venezuela es más independiente a la hora de accionar que una mujer saudí. En el país, hombres y mujeres conviven sin distinción alguna y eso no hace a las mujeres musulmanas propensas al pecado, como se asegura en otros países musulmanes.

SAM_0650 - Copy
Salma usa el niqab (velo que cubre todo el rostro, excepto los ojos) por convicción. Nadie la ha obligado a utilizarlo.

Para Pablo Sapag, existen todos tipos de prejuicios alrededor del islam, inclusive hacia las mujeres. “Desde esa visión maniquea de occidente vs. islam, se cree que todas las mujeres musulmanas están sometidas y que se visten o actúan por mandato de otros, lo cual además de simplificar al extremo una realidad compleja y plural como es la de mujer en el islam supone ejercer un paternalismo machista al considerar que una mujer por el hecho de ser musulmana no tiene claros sus derechos y es incapaz de tomar decisiones por sí misma”.

Tampoco se puede apoyar la defensa de los derechos de las mujeres musulmanas sin un previo estudio de la norma que se juzga y la percepción que tiene en la sociedad donde se aplica. Para muchas de ellas el uso del velo es una opción propia. Otras no tienen ningún problema en vivir bajo la tutela de un hombre. Salma no titubea a la hora de expresar su amor a Allah. Hace su mayor esfuerzo para vivir bajo las normas del islam a pesar de que vive en un país donde es minoría.

Ser una minoría es, tal vez, el motivo principal para que exista una curiosidad, muchas veces no disimulada, de la población no musulmana del país por saber qué hay más allá de un velo.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s