Jóvenes Víctimas

Escaparon de Herodes para caer en Venezuela

Camila González C.
23 junio 2017

Jóvenes mantienen las protestas en rechazo al régimen de Nicolás Maduro y la restauración de la democracia en Venezuela, pese a las continuas detenciones arbitrarias y la brutal represión por parte de entes del Estado.

Humberto Bartoli habla con una falsa tranquilidad a través de la bocina. “Cualquier cosa que necesite, por favor avíseme”, le dicen. Él responde que lo sabe y cuelga. Su hija, Isabel, está detenida hace más de una semana en un centro de reclusión, compartiendo con presas comunes, cual delincuente que no es, mientras espera la aprobación de sus fiadores, los cuales le exigieron para otorgarle libertad, tras ser detenida al salir de su casa a comprar comida. Isabel estudia comunicación social, y aunque está empezando apenas la carrera, ya ejerce el periodismo. Ella no está presa en este momento realmente, está haciendo periodismo gonzo, investiga cómo es la vida en la prisión femenina Vizcaíno, en Bolívar.

Isabel tiene 19 años, uno más que el régimen que la tiene apresada y que con sus políticas llevó a la quiebra al país que en otro tiempo llegó a ser el más rico de Latinoamérica. E incluso, el más feliz. Ella ahora no es feliz, y sus padres tampoco.

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Protesta Pacífica por los estudiantes que dejan de asistir a clases como consecuencia de salir a protestar, Ucab Guayana. Fotografía: Camila González.

Bolívar tiene 41 privados de libertad y desde abril del 2017 se registran 180 detenciones arbitrarias, de las cuales, solo 139 han salido libres, los otros 41 quedaron privados de libertad, según las cifras del Foro Penal Venezolano – Bolívar. 72 de esos 180 son jóvenes que para este momento, deberían estar terminando el semestre en la universidad, y no pensando en cómo no terminar de nuevo en prisión, como es el caso de Donner Rivas.

Foro Penal
Rueda de prensa para la obtención de las cifras regionales de los detenidos, Foro Penal Venezolano – Bolívar. Fotografía: William Urdaneta.

Donner estudia comunicación social y es fotógrafo. Él dice que se pone detrás del lente y se le olvida todo. No siente, no huele, no duele, solo ve y captura. La primera vez que lo capturaron estaba en una marcha, ya se iba y decidió parar a tomar una foto, estaba alejado del grupo y se lo llevaron las motos de la Guardia Nacional Bolivariana. Le robaron su teléfono y su cámara. Sí, le robaron. Luego lo torturaron, tres heridas de perdigonazo a quemarropa que le destrozaron el pantalón y su pierna.

-Tía, muéstrales el pantalón – Le dijo desde la camilla de la clínica Familia, un día a eso de las 9:00 pm cuando el Foro Penal Venezolano fue a visitarlo.

-Hijo, eso está lleno de sangre. Mejor no.- Dijo su tía dudando.

-Tía que se lo muestres.- Insistió.

Su tía sacó del armario de la habitación un pantalón doblado. Cuando lo estiró se veían tres agujeros sobre una mancha roja.

-Había mucha sangre.- Dijo Donner –  Uno de los muchachos que estaba conmigo pensó asustado que salía de él, por la cantidad, pero no. Me ayudó a detener la hemorragia.

Gracias a que lo torturaron estuvo en la clínica y no lo llevaron al centro de detención, no lo registraron en el ministerio público y salió libre. Salió a denunciar su robo. No obtuvo respuesta. Por casualidad, a un amigo suyo le estaban vendiendo una cámara, muy similar a la de él. La suya era europea, no la venden acá. Le pareció sospechoso. Averiguó un poco más y resultó que era la suya. Denunció a quien la estaba vendiendo. Resultó que era la pareja del guardia que se la hurtó. Finalmente, lo encarceló.

Semanas después estaba llevando comida a los muchachos que trancan la calle. Porque hay quienes piensan que ese es el mecanismo correcto de lucha, trancan una calle para darle, a quienes pasan por allí, la sensación de que nada está normal, de que el país es un caos, tanto como la calle que toman. En eso, llegaron las motos de la GNB, se lo llevaron de nuevo, a él y a siete estudiantes más. Pero todos estaban asustados por él, por su reincidencia. “Se lo llevaron de nuevo, ya no saldrá tan fácil. Ya no saldrá” decían sus amigos. “Su caso está complicado”, decían los abogados. Y de su familia, un silencio absoluto; estaban molestos porque se había dejado agarrar, otra vez. Tres días después estaba fuera. Sintiendo en sus venas la suerte que había tenido de salir libre, porque en su anterior detención y gracias a la tortura generada por los guardias, no lo registraron. Libre, por pura suerte.

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Jóvenes al salir en libertad, 4 de junio del 2017. Fotografía: Camila González.

Suerte. Porque en este momento eso es lo que uno cree que necesita. Protestar, tomar fotos y salir a comer pueden dejar tras las rejas a alguien, hecho que está 180 veces comprobado a nivel regional, así que se recurre únicamente a la suerte. “Tuve suerte de que no me pasó nada grave”, “tuve suerte de que solo me robaran”, bis, bis, bis, en cada una de las ciudades de Venezuela, todos los días.

Manifestación Guayana

Esta suerte le hizo falta a Samuel. Samuel es un joven recién graduado de comunicador social y supervisor regional de Voluntad Popular que quería ser periodista deportivo. De hecho, fue el primero en hacer foros sobre periodismo deportivo en su universidad. Pero la política lo enamoró. Cualquiera que lo escucha hablar sobre lo que cree, pronunciar discursos impecables en los que habla de sus convicciones y hacer política como pocos, al frente, con la gente, lo comprueba.

Samuel estuvo allí cuando esperaban por la liberación de Donner y ha estado allí esperando la liberación de todos, los del 19, los del 15, los del 16, los del 1ro… Siempre, gritando “Somos los valientes estudiantes” a todo pulmón y con una sonrisa burlona que demuestra que no les tiene miedo a los uniformados de la GNB y se les burla en la cara cuando lo intentan intimidar. Incluso detenido, con su uniforme de preso y su cabello rapado, sigue igual de irreverente, o eso transmiten las notas que envía a sus familiares y amigos. Sin embargo, no se puede comprobar, porque no han permitido verle. Nadie, desde hace más de una semana que lo detuvieron, lo ha podido ver.

Samuel fuera de tribunales
Jóvenes de Voluntad Popular esperando fuera de tribunales la salida de Donner Rivas. Fotografía: José Leal.

Siempre está y por eso está allí, privado de su libertad como si fuera un delincuente. Porque estaba en esa marcha del 15 de junio, estaba cuando llegaron las motos y estaba intentando saltar una reja con ayuda de Kike, un militante del mismo partido de él, pero se hizo demasiado tarde. “Coño hermano disculpa que no pude terminar de alzarte para que brincaras el portón antes que te agarraran”, fueron las palabras de Kike.

Coño hermano disculpa que no pude terminar de alzarte para que brincaras el porton antes que te agarraran, de esta salimos eso es seguro!

Una publicación compartida de Enrique Villasmil (@villasmilenrique) el 15 de Jun de 2017 a la(s) 5:03 PDT

 

No pudo saltar la reja. Una reja la culpable, una reja su castigo.

La suerte falla también.

Pero si algo en estos últimos meses, en estos casi 80 días no ha fallado, es la energía de la juventud y su irreverencia. Cada vez que se llevan a un joven, se llevan a un hijo, a un hermano y a un amigo, por el cual salen más personas a manifestarse en contra de eso, en contra de la injusticia que es el llevarse a alguien detenido de manera arbitraria. Se ha llegado a ver incluso personas que no tienen ningún otro vínculo más allá de que son padres y temen que le pase lo mismo a sus hijos.

Padres
Vigilia por la libertad de los jóvenes detenidos, Ciudad Guayana. Fotografía: Camila González.

Su solidaridad y empatía los lleva a acompañar, a apoyar, a llevar alimentos y bebidas. También se ven abogados frustrados, llenos de impotencia, que rechazan las situaciones a la que se tienen que someter los jóvenes de esta generación. Jóvenes que antaño escaparon de Herodes y vinieron a caer a Venezuela, una Venezuela que los persigue, los amenaza, los cohíbe y los asesina, van 80 víctimas de la brutal represión. Y hasta el momento nada los ha logrado callar, o, como dijo Eloy Blanco en su poema “los hijos infinitos”, detener su modo de alumbrar a las estrellas.

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