Hágase tu voluntad y no la mía

Tres historias que reflejan no solo la obediencia sino el amor a la misión que les fue destinada, sin saberlo sus caminos tomaron vías diferentes que los llevaron rumbo a la felicidad.

José Gregorio estaba en el tercer semestre de Medicina con aspiraciones a casarse y formar una familia; Alba Milagros con 35 años solo quería conseguir un trabajo estable para ayudar a su familia y Alicia Carolina con 17 años ya sabía qué quería ser.

Tres personas ligadas a la Iglesia católica, uno es sacerdote diocesano con más de 25 años en ejercicio, las otras dos son monjas de claustro de la Orden de Santa Brígida. Alba con 5 años de consagrada y Alicia con 57 años al servicio del monasterio.

Alba Milagros Cumare Salas de 40 años, es maracucha, Técnico Superior en Seguridad Industrial y actual monja del claustro. “Me gusta rezar sobre todo por la conversión de todos los pecadores. Es como una necesidad, el claustro y la abstención de lo material me lo ha permitido” comenta María del Alba del Santísimo Salvador, cuyo nombre le fue otorgado una vez entró en la congregación.

-¿A qué te dedicabas antes de entrar a la vida religiosa?
-Trabajaba para sobrevivir haciendo cualquier cosa. No tenía trabajo con mi título porque había firmado en la lista Tascón y por lo tanto no me dejaban entrar en ninguna empresa que tuviese que ver con el petróleo. Hacía cualquier cosa para vender, era comerciante. Y en la Iglesia trabajaba en la evangelización.
María del Alba del Santísimo Salvador, admitió haber tenido varios novios y pretendientes pero fue Dios quien la enamoró, se la llevó y le pidió que fuese su esposa. Ella solo aceptó.

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“Me gusta rezar por la conversión de los pecadores” María del Alba del Santísimo Salvador

En el libro “Pequeña biografía de Santa Brígida de Suecia” se ven algunas de las indicaciones que el mismo Dios le mostró a Santa Brígida de Suecia para fundar la nueva Orden: “Hasta el hábito que debían usar las religiosas le fue descrito. Las hermanas debían usar tela gris muy burda y resistente para poder aguantar los inviernos helados del Norte. Debían usar bajo sus mantas forros de piel común. Tenían que usar una especie de tela de lino blanco alrededor de su cara, y sobre de esta un velo negro. El velo lo debía rodear una banda de tela blanca con dos tiras cruzando en la parte de arriba, formando una cruz. Esta ‘corona’ debía llevar cinco manchas de tela roja en memoria de las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo” (p. 19).

María comenta que en el ámbito familiar la relación es muy fructífera, su papá murió a penas ella cumplió los 15 años y quedó con su madre y demás hermanos. Es la menor y su mamá se habían rehusado en que la pequeñita de la casa se viniera a Puerto Ordaz a un monasterio, sin embargo ella los reconfortó y les brindó la confianza que necesitaban para saber que eso era lo que ella quería y haría feliz.
Aunque su personalidad es extrovertida decidió el encierro, la contemplación y la oración por el resto de su vida. “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí. Él pastorea mis lirios” decía Santa Brígida.

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“Yo soy para mi amado y mi amado es para mí” Santa Brigida de Suecia

-¿Cómo fue el llamado a la vida contemplativa?
-El llamado fue lento pero seguro (risas), el señor fue llamando poco a poco. Desde hace 15 años está detrás de mí, pero como siempre fui un poco rebelde ante mi familia y ante Dios, siempre le pedía que esperara un momentico porque tenía que hacer ciertas cosas. El señor nunca se cansó de llamarme porque todos los días lo sigue haciendo, me pide que lo ame y que le sirva, que ore por el mundo y por Venezuela. Aquí estoy para servirle a Él.

Apenas empezó a sentir la inquietud por su vocación le preguntaba a Dios “¿Señor por qué me llamas a otra parte si aquí estoy bien?”. Le costó mucho dejar su familia pero sabe que Dios no los abandona. Asegura que la obra que ejercía en Maracaibo era buena, pero Dios la llamaba para estar a solas con Él. Ella solo cumplió su voluntad.

Una historia de amor
Alicia Carolina Ruíz Hermann, tiene 74 años y es la actual abadesa que significa ‘madre’ de la Congregación. Su nombre de religiosa es Sor Brígida de María Inmaculada y supo cuál era su vocación desde los 17 años cuando ingresó al monasterio en su país natal México.
Sor Brígida cuenta que sus padres no pudieron casarse “porque en aquel tiempo no había culto” ya que estaban en plena Guerra Cristera. Sin embargo asegura que su mamá fue muy piadosa, siempre la llevaba a la Iglesia, incluso desde que se encontraba en brazos.

Como anécdota comenta que cuando estaba en el colegio y le llegaba la hora de irse se iba directo a la Iglesia y entraba de rodillas, “raspaba todos mis zapatos, mi mamá me regañaba, pero eso era un secreto. Nunca le dije las razones”.

“Cuando fui al convento de Puebla yo le andaba preguntando a Dios dónde me quería. Y delante del santísimo Él me decía: Aquí es. Claro es algo interior que no puedo explicar, pero tenía la seguridad de que era ahí”. Apenas empezó el llamado se lo comentó a su confesor pero él no quería el claustro para ella, le decía que debía ser monja de vida activa.

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Sor Brígida de María Inmaculada actual abadesa y sucesora de Santa Brígida de Suecia

-¿Qué la hace prevalecer en la vocación?
-La gracia de Dios que es tan grande, la fidelidad, el amor a Dios y a las almas.
Asegura que “gracias a Dios” nunca tuvo la tentación de desistir de su vocación. Él le brindó la seguridad necesaria para permanecer y cumplir lo que le demandó. Aunque en ocasiones tuvo momentos de batallas espirituales “como todos”, desde 1960 siempre supo lo que quería para su vida. Hoy ya son 57 años de entrega total a Dios.
-¿Cómo ve usted la vida después de monja?
-Don eximían de la gracia de Dios.
-¿Qué significa para usted el claustro?
-El lugar de recogimiento separado del mundo para entregarse más a Dios y rogar por ese mundo y por nuestros hermanos que sufren.

Médico de las almas
José Gregorio Salazar Monroy tiene 53 años y es sacerdote de la Diócesis de Ciudad Guayana, desde los 10 años ha prestado un servicio constante y sin diatribas para Dios y su Iglesia. “Yo servía en la Iglesia Nuestra Señora de Fátima sin pensar nunca en que iba a llegar a ser sacerdote” asegura José Gregorio.

-¿Por qué estando en el tercer semestre de Medicina decidió desistir de la carrera?
-Pregúntaselo a Jesucristo que fue el que me sacó (risas). En la visita de Juan Pablo II a Venezuela en el año 85, nos dijo “jóvenes no tengan miedo de responderle sí a Dios”. Yo estaba ya con mi novia para casarme inclusive.

 

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Cortesía de El Guardián Católico

Apenas José Gregorio sintió que lo llamaba Dios, se preguntó si estaba defraudando a las personas que le apoyaban en su decisión de ser médico, la empresa Ferrominera del Orinoco le había becado para estudiar toda la carrera pero él comenta que pensaba “bueno señor si me sacaste de aquel camino de ser el médico de los cuerpos para ser el médico de las almas que se haga tu voluntad”. El sí que le dio a Dios aquella vez lo sigue haciendo todos los días.
Lamenta que hasta la fecha su familia no acepta que sea sacerdote. “Eso no es así nada más”, de hecho su padre murió con una aspiración de tener descendencia de su parte.

Video: El papa Francisco habla de la vocación religosa.

-¿Qué lo hace prevalecer en su vocación?

-El amor hacia la promesa que me hicieron de la resurrección y vida eterna. Si Él cumplió muriendo en la cruz Él me tiene que cumplir después que yo deje esta vida porque fui fiel a la labor que me encomendó.

-¿Cómo ve la vida después de sacerdote?

-La veo distinta, hoy en día me pregunto cómo hacen los matrimonios para sobrevivir ante la situación del país, cómo hacen los estudiantes para estudiar y pagar un semestre, cómo hacen para comer. Algunos teniendo para vivir bien derrochan su dinero viendo que su hermano tiene necesidades, que hay necesidad en la población.

Cuando se ve un delincuente a la gente no le importa, cree que es culpa solo de la persona, pero no es así, eso es culpa de la sociedad, de todos nosotros. Creo que nos debemos ayudar, colaborar y mirar a nuestro alrededor no con indiferencia sino con misericordia.

llamados por parte de dios

(Lc. 1, 26-38) (…)El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

 

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