El pincel dorado de Valencia

Un 16 junio de 1963 Valencia fue testigo de la aparición de uno de los más grandes artistas latinoamericanos, un personaje que fue trazando con sus pinceladas su camino a la inmortalidad, la de sus obras reconocidas en todo el mundo. Un genio venezolano, que pertenece a aquella estirpe que representa lo mejor de la nación, un maestro artístico que llevó por nombre Arturo Michelena.

“Miranda en La Carraca” (1896), “El retrato ecuestre del Libertador” (1888), “Carlota Corday” (1889), “La vara rota” (1892), “Vuelvan Caras” (1890), obras que son una pequeña muestra del inmenso talento y legado que dejó Arturo Michelena, aunque su primer gran éxito y el que le brindaría reconocimiento a nivel internacional sería su obra  “El niño enfermo” (1886).

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El niño enfermo (1892)

Sin embargo, la leyenda de este grandioso pintor comenzaría con su primera obra, un autorretrato hecho en carboncillo sobre papel con tan solo once años de edad, que sería la primera de muchas grandiosas piezas artísticas, gracias a ello tuvo la oportunidad de conocer y retratar al entonces presidente de la nación, Antonio Guzmán Blanco.

Es entonces cuando se definiría su estilo particular desde su primera obra, ya que sus pinturas se basarían en el retrato. Tuvo como mentor a Jean-Paul Laurens, en su periplo por París en la Academia Julian, donde terminó de pulir esas habilidades artísticas natas, además de forjar el carácter que lo haría cosechar todos los éxitos conseguidos en una de las capitales artísticas del mundo.

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Arturo Michelena, en su estudio de París

Mostró gran fascinación por reflejar hechos de temática histórica,  es el caso de obras ilustres como “Vuelvan Caras”, que es una representación de la batalla de Las Queseras del Medio, “Miranda en La Carraca”, que muestra al Francisco de Miranda durante encarcelamiento en la prisión de San Fernando de Cádiz en España. También elaboró numerosos retratos de próceres de la nación, como la pintura “Retrato ecuestre de Bolívar”, sobre El libertador.

Aunque en sus últimos años, el estilo de sus obras se vio influenciado por su cada vez más mermado estado de salud, pues en Francia contrajo una tuberculosis, debido a esto sus últimas obras se enfocaron en obras temáticas de tendencia religiosa. Arturo Michelena perecería como consecuencia de esta enfermedad el 29 de julio de 1898.

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Última cena (1898), obra inconclusa

Su vida personal estaría marcada tanto por su éxito, sus premios, sus logros, sus obras, su aventura por Francia, el reconocimiento en su país y su mortal enfermedad, como por el gran amor de su vida  Lastenia Tello Mendoza, con quien se casó el 17 de junio de 1890.

Arturo Michelena es de esos personajes que aparecen muy de vez en cuando, sus piezas de arte y su legado son parte de la posteridad, pues el 29 de julio de 1948, durante la presidencia de Rómulo Gallegos, sus restos son ingresados con honores al Panteón Nacional. Múltiples homenajes se llevaron a cabo en su honor, sus bustos y estatuas están presentes en todo el territorio nacional, especialmente en su natal Valencia, pero lo más importante de su legado está en las obras que todo venezolano debe reconocer y admirar.

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