Teresa Carreño: la dama de las cuerdas percutidas

Una figura abnegada dedicada a la música. Teresa Carreño en 1873 tuvo que dar en adopción a su hija con la condición de no verla jamás, la entregó a una alemana de apellido Bichoff. El fracaso de su gira con su esposo Emile Sauret y la crisis económica que atravesaba en el momento, no le dio  otra alternativa.

Entre partituras, composiciones y un talento indiscutible, desde muy temprana edad, María Teresa Carreño, venezolana radicada en New York, figuró como pianista con el simple hecho de “jugar con su instrumento”. Su juego se convirtió en creación y vanguardia para la música del siglo XIX.

descargaEn 1917, tras el fallecimiento de “la leona del piano”, un cronista de New York Times señaló que “No demasiadas personas del tardío siglo diecinueve lograron tal éxito y satisfacción como la Carreño en sus tres diferentes pero interrelacionadas profesiones. Sin duda sus métodos de enseñanza y sus composiciones son reflexiones de su pianismo. Por eso, sus contribuciones al mundo musical merecerían ser mejor conocidas”.

José Antonio Calcaño, compositor y arreglista venezolano, manifestó que Carreño, ciertamente, no era una ejecutante “descollante”. Valoraciones de esta índole, por lo general, provienen de músicos compatriotas de la pianista.

Carreño manifestó en muchas ocasiones que sus composiciones no se igualaban en profundidad musical a la de otros “genios creadores”.

Venezolana hasta en las partituras

A pesar que se trasladó a muy temprana edad a Estados Unidos y que su permanencia en las dos visitas que realizó a Caracas, por motivo de conciertos, fueron muy breves, conservó hasta el final de su vida su identidad venezolana. En su personalidad y ciertos hábitos domésticos se observaba un sello criollo característico, algo que trasladó a la música componiendo temas bajo el género del merengue venezolano.

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Vanguardia feminista

Pese a las características particulares de la sociedad americana para el siglo XIX, Teresa Carreño logró hacer frente y romper paradigmas. En las tertulias musicales neoyorquinas, la figura femenina tenía participación, incluso, cuando en los asistentes predominaban los hombres. En consecuencia, en New York se le valoraba más como artista, lo que no ocurrió en Venezuela, donde se le otorgó mayor importancia a su plano sentimental.

Carreño era una mujer que había estado fuera de Sudamérica y tenía otro pensamiento más liberal que el común en la sociedad caraqueña, la cual, rechazó de forma vehemente su plano amoroso:

  • En 1873 contrae nupcias con Emile Sauret
  • En 1892 se casó con el pianista Eugen D’Albert
  • En 1901 se casa con Arturo Tagliapietra, quien en el pasado había sido su cuñado, hermano de su primer esposo Emile Sauret.

Para el año 1917 su salud se vio afectada por una parálisis parcial del nervio óptico que podía extenderse hasta el cerebro. A pesar de los cuidados que recibió por parte de los mejores médicos, Teresa dejó de existir el 12 de junio de ese mismo año, pero sus restos fueron sepultados en esa ciudad que disfrutó de sus melodías, aquella ciudad que la vio nacer. En el año 1977 fueron trasladados al Panteón Nacional, así lo reseña Lucila Palacios, investigadora de la vida y obra de Teresa Carreño para el portal web lapaginadeteresa.

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